Tengo pendientes de comentario tres estrenos cinematográficos de antes de nuestra escapada leonesa. Y pensaba comentar algunos de ellos en pareja. Pero hay alguna cuestión que me ha hecho separar los comentarios individualmente. En concreto el de esta película, que no está mal, pero no me parece que este filme dirigido por Olivia Wildesea para tanto como dicen algunos.
La cuestión es que es una adaptación de una historia de Cesc Gay, que yo no he visto, y sobre la que dicen que hay algunas diferencias. Da igual. La cuestión es que estamos ante una película con sabor a adaptación teatral, aunque no lo sea, porque toda la acción transcurre en un mismo escenario. El piso de un matrimonio neoyorquino (o alguna ciudad similar) al que la esposa (la propia Wilde) ha invitado a unos vecinos a cenar… sin avisar al marido (Seth Rogen). Los vecinos (Penélope Cruz y Edward Norton) son nuevos, pero ya han dejado claro que no son nada discretos en lo que se refiere a los placeres del sexo. Mientras que el matrimonio neoyorquino… viven rutinas en las que ya se aprecia el quemazón del paso del tiempo. ¿Cómo quedará la invitación? ¿Éxito o ruina?
Película sobre las relaciones de pareja, específicamente sobre las matrimoniales, sobre el desgaste por el paso del tiempo, por la rutina y por la falta de comunicación, en tono de comedia, con unas interpretaciones con oficio, que se deja ver. Y ya está. Pero lo que me ha llamado la atención es que por ahí están hablando de Cruz como posible candidata al Oscar a la mejor actriz de reparto. E incluso con doblete, por su interpretación en La bola negra. Qué queréis que os diga. Penélope Cruz, a estas alturas de la historia, es una intérprete con oficio que sabe sacar adelante sus papeles. Pero, ¿son estos papeles para un premio? A mí me parece que no. Pero ciertamente, tampoco soy muy fino yo a la hora de pronosticar los resultados sobre los Oscar. Así que… quién sabe. Si la veis, está bien. Y si no, pues tampoco es una tragedia.
Fotografias realizadas con una Canon EOS RP y varios objetivos de focal fija. Los detalles técnicos de las fotografías los encontraréis, como de costumbre, en Carlos en Plata.
Hemos estado unos días en León con escapadas a Oviedo y Astorga. Es lo que en el grupo de amigos llamamos la escapada del cambio de hora. Algo que empecé haciendo en el infausto 2020, en una escapada a Sevilla a casa de una amiga, y a lo que se han ido apuntando otros amigos hasta llegar a un grupito de ocho. Yo era partidario de ir al sur, por el riesgo del tiempo… Pero nada. Ha tocado pasar algo de frío. Pero bien.
León – EF 40 mmLeón – EF 40 mm
León
El destino principal del viaje era la capital leonesa. Estuve poco más que de pasada hace 25 o 26 años. Fotografiando un tren de vapor y poco más. La verdad es que me apetecía conocerla mejor, pero no necesariamente en esta época del año. Mejor en primavera. Pero no a estado mal. Salvo lo de amanecer con 3 ºC bajo cero cuando todavía estamos en octubre. Todo el mundo me pregunta si se come bien. Mi respuesta es que como en el País Vasco. A veces se come muy bien. Pero siempre, se come en exceso excesivo. Es lo que hay.
León – Zuiko 21 mmLeón – Tamron 35 mm
Oviedo
La capital asturiana sí que la conocía. De varios congresos y jornadas científicas. Una ciudad agradable. Pero en el grupo había personas que no conocían las iglesias prerrománicas de las laderas del monte Naranco. Y eso es un sitio que merece la pena. No me importó volver. Más latoso el hecho de que coincidiéramos con el día de la entrega de los premios Princesa de Asturias. Pero tampoco nos afectó mucho al final.
Oviedo – Tamron 35 mmOviedo – Tamron 90 mm
Astorga
Le dedicamos una tarde. O más bien, una comida y una tarde. No da para más. Yo pensaba que era una ciudad más grande. Pero tiene poco más de 10000 habitantes. Y muy pueblo. Pero oye, que le dan al chocolate. Lo cual es siempre un punto a su favor.
Astorga – Zuiko 21 mmAstorga – Tamron 90 mm
Poco más hay que contar. Era una escapada sin más pretensiones que pasarlo bien. Un grupo de personas muy variado, pero que se lleva bien, y que da igual dónde vayamos, siempre estamos a gusto, y todo el mundo está contento y positivo. Esperemos que esta costumbre de la escapada del cambio de hora dure muchos años.
Minox 35 GT-E con Fujicolor C200, Kodacolor 100 y Kentmere Pan 200. Por una vez, y por causa excepcional, homenaje a una vieja cámara que ya prácticamente no da ya de sí, replico completo el artículo redactado en Carlos en Plata.
Esta entrada no va a ser larga (mentira, ha resultado que sí). Pero quiero que de alguna forma sea una despedida, u homenaje, a una cámara que me ha acompañado a muchos sitios, que ha recorrido muchos países metida en el bolsillo de mi chaquetón o de mi pantalón. Que se ha desgastado mucho, y que en estos momentos ha dejado de ser fiable. Quienes leyeran mi reciente entrada sobre el viaje a Sicilia con película en blanco y negro sabrán que hablo de la Minox 35 GT-E.
Hoy no hablaré de sus características, en el enlace correspondiente las encontraréis revisadas, si no de su historia conmigo. Ahora que la cámara que la va a reemplazar ya ha llegado a casa. Mañana me voy unos días a León, hasta el domingo, y no he podido probarla. Es una Olympus XA en estado impecable, con el flash A11 acompañándola. Esperemos que todo vaya bien con ella.
He de decir que, cuando compré la GT-E, no fue amor a primera vista. Octubre de 2001. Hace 25 años. La compré en una tienda de la calle Pelayo de Barcelona. La vi en el escaparate. Ese mes de agosto había perdido una Minox 35 ML, a la que tenía mucho cariño, en un tren entre Lieja y Lovaina. Se salió del bolsillo del pantalón corto en un día de mucho calor. Y la empecé a probar allí mismo en Barcelona.
Pero por muy parecida que fuera a la ML, no era igual. Era… casi igual. Y la principal diferencia… Bueno no sé si la principal, pero sí la que más me enojaba, era que el botón de disparo no retenía la exposición cuando lo pulsabas a medio recorrido, para luego reencuadrar de forma adecuada. Es algo que suplía la falta de un dial de compensación de la exposición. Y un hábito que también tenía de la Canon EOS 100, que era la otra cámara que llevaba en mis viajes. Aunque esta también tenía compensación de exposición.
Pero con el tiempo, especialmente cuando en 2012 la rescaté de la inactividad, cuando decidí volver de lleno a la fotografía con película tradicional, pasado el sarampión digital, he hice un rollo de película en color en un paseo “analógico” con otros aficionados a la fotografía. Os dejo tres fotos de aquel sábado de enero.
Realizadas con Fujicolor C200, son las únicas “históricas”. El resto, en color con Kodacolor 100 o en blanco y negro con Kentmere Pan 200, corresponden a los dos últimos rollos que hice. El de color cuando todo iba bien todavía, a mediados de septiembre, y el de blanco y negro cuando algunas cosas habían empezado a ir mal y no sabía si debía o no llevármela a Sicilia, como al final hice.
El caso es que en aquel día de enero de 2012, agradable, en el que hice unas fotos que, sin ser nada del otro mundo, resultaban muy agradables, lejos de la presunta perfección de la fotografía digital, me reconcilié con la cámara, que empezó a ser una de mis favoritas, y regresé con ganas a la película fotográfica. Un día importante en mi historia fotográfica.
Después, fundamentalmente, ha sido cámara de viajar por el mundo. Mientras funcionó correctamente la Olympus mju-II, las alternaba en los viajes según el ambiente en destino. La mju-1 tenía sellado contra la lluvia y el polvo, por lo que se adaptaba mejor a viajes con naturaleza. La GT-E a los viajes más urbanos. Cuando la mju-II falló, dejó de rebobinar el rollo, fue la principal.
Sólo en los dos últimos años se ha visto algo relegada por la Pentax 17. No porque esta me guste más, sino porque es la cámara colectiva en la que hacemos las fotos de grupo y más desenfadadas. Y no siempre me apetece llevar dos cámaras compactas. A veces lo he hecho. Pero, por ejemplo, a León ya he dicho que no voy a usar la Pentax 17, que quiero centrarme en la XA. Viajará a León, pero no en mi bolsillo.
He decir que la cámara sigue haciendo fotos. Como las hace la mju-II. Pero ha dejado de ser fiable. No sé si la volveré a usar. Tal vez algún día por capricho. Pero no sé si tiene ya sentido. Hay una cosa que si me hace pensar. La GT-E la compré nueva en 2001. Y ha acabado muy gastada. La XA que he adquirido se fabricaría entre 1979 y 1985… y está como nueva. Siendo entre 16 y 22 años más vieja. ¿Por qué comprará la gente estupendas cámaras de fotos si no las van a usar? Por lo menos que caigan peleando por el desgaste y los kilómetros hechos.
Después de todas las vacaciones y algo más sin estrenos de cine, este final de semana pasado, desde el jueves, a estado plagado de ellos. Aunque con fortuna desigual, si queréis que os diga la verdad. Y empiezo por un estreno muy reciente en Amazon Prime Video, directo a plataforma, dirigido por Rachel Morrison, de quien solo he visto trabajos para televisión, donde el director pinta mucho menos que en el cine.
Protagonizada por Margaret Qualley, una actriz que se está poniendo de moda, hija de Andy MacDowell, esta hace de una enfermera que vive centrada en su trabajo y con pocos amigos, hasta que conoce a Charlie (Gabriel Basso) se enamoran, viven un romántico romance, se casan… y Charlie casca en la epidemia de covid. Y luego llega un laaaargo proceso de duelo que va desde los 26 años de la protagonista, cuando pasa todo lo anterior, hasta los 34 en los que se supone que se va aclarando.
Vamos a ver… de momento en mi valoración está aprobada. Pero a ratos me dan ganas de no aprobarla. La película es un poco inane. Tira de topicazos. Y la directora se preocupa de hacerlo todo muy bonito y muy romántico, mientras nos va mostrando en pantalla postales de Boston, Lisboa, el Algarve, Londres y Nueva Orleans. No sé si me dejo algo. Todo tan bonito y aséptico, que falla en transmitir emociones. Y sobretodo, me cuesta un algo creerme a la protagonista y las cosas que le pasan. Que no digo que no pasen… es que me cuesta creérmelo en la película.
Los interpretes hacen lo que pueden en los márgenes que les da la directora. Más preocupada la mayor parte de tiempo en lo formal que en el fondo de la cuestión. Y sí, Qualley es guapa. Quizá no tanto como su madre en su momento, pero eso no es lo que hacía falta en esta película. Alguien más de carne y hueso, y despeinada, hubiese venido mejor. Lo dicho aprobado por los pelos.
Fotografías en Cornualles, en diversos lugares con resonancias celtas y artúricas. Entrada disponible también en Substack.
Aunque sea de forma rápida, en este domingo soso, de lluvia, relativamente desapacible, en la que la mañana aun me ha cundido para hacer cosas por casa, pero la tarde se me está echando encima de forma muy aburrida, voy a hacer un breve comentario de tres series vistas en los últimos tiempos, en el ámbito de la fantasía y la ciencia ficción. Que quizá deberían haberme dejado mejor impresión, pero que no.
The Pendragon Cycle: Rising of Merlin es la enésima adaptación, o más bien reinvención, de los ciclos artúricos. En los que además mezclan la retirada de los romanos de Britania, con las invasiones anglosajonas y jutas, con los supervivientes de la Atlántida ¡¡¡??? (o algo parecido). Nos estarían contando la historia de Merlin, mezclándolo con elementos de fantasía, ficción y presuntos hechos históricos. Presuntos porque la retirada romana dejó Britania con un nivel de civilización bastante bajo y escasas fuentes. Es una serie con pretensiones, pero con pocos logros. No consta si está renovada o cancelada. De momento, no la echo de menos.
Alguien me dijo un día que si estoy enganchado a Star Trek: Strange New Worlds es porque me gusta la enfermera Chapel (Jess Bush). No me atrevo a decir que no. Es una serie muy bien valorada por muchos fans y también por la crítica. Para mí es simplemente una serie de Star Trek hecha con algo más de dignidad que otras. Cuando se aparta de los usos y maneras trekkies me suele gustar, cuando los sigue… me cansa pronto. Esta temporada empezó muy bien con un primer episodio curioso, que ya comenté. Pero luego me ha parecido irregular. Algunos episodios bien, otros regular. Y la enfermera Chapel ha estado en un tercer plano. Chungo.
Finalmente, me puse a ver Lanterns, porque de repente un montón de artículos de listos sobre cosas de televisión la ponían muy bien. Me costó darme cuenta que forma parte del universo superheroico de DC. El de Superman, Batman y esta gente. Tiene momentos muy buenos, he de reconocerlo. Sobretodo cuando se aparta de las referencias a ese universo y se dedica a contar su historia. Pero en otras situaciones… menos buenos. Aunque en general me ha gustado. Porque Kyle Chandler, Kelly Macdonald y algunos más lo hacen realmente bien. Es posible que le dé una segunda oportunidad si hay una segunda temporada. Ya veremos.
Fotografías realizadas en Taormina recientemente en mi viaje a Sicilia. Tierra de cíclopes. Disponible también en versión Substack.
Es indudable que la versión cinematográfica de la Odisea filmada por Christopher Nolan, y que se estrenó este verano con gran éxito, ha traído de nuevo el interés por los mitos clásicos, específicamente por los mitos helenos. En un momento dado, Youtube se llenó de vídeos rodados por gentes más o menos eruditas en el mundo clásico que nos decían, generalmente en inglés, cual de las traducciones que del texto original homérico era la más conveniente. No es que me interesase mucho, pero vi alguno de estos vídeos. Y uno de ellos tenía una recomendación curiosa; olvidaos de leer las traducciones y leed la versión de la historia que escribió en su momento Stephen Fry.
El simpático comediante, actor, director de cine y, también, escritor británico tiene un ciclo de libros sobre la mitología griega que muchos consideran muy interesante, formada por cuatro volúmenes; Mythos, Heroes, Troy y Odyssey. Los dos últimos son claramente reescrituras personales de las obras homéricas. Pero en su conjunto, representan una especia de cosmogonía e historia del mundo que empieza con los dioses en Mythos, sigue con los semidioses y héroes legendarios en Héroes, y llega al final al mundo de los hombres/seres humanos con las aventuras de aqueos y troyanos, en las obras de Homero. Timeo danaos et dona ferentes.
Ese es el orden lógico de lectura, claro está. Pero lo que estaba de moda en el momento en que decidí acercarme a estaba de Fry eran las aventuras de Ulises de Ítaca, por lo que obviamente me decidí por empezar con el dedicado a la Odisea. En versión original, en inglés. El texto sigue la estructura no lineal del texto homérico, narrando la peripecia de Ulises, y en paralelo lo que sucede en Ítaca con Penélope, Telémeca y los gorrones… o pretendientes. Pero también narra lo que sucedió con otros aqueos destacados en su regreso a casa, nos habla del destino de Agamenón y sus hijos, especialmente Orestes, y hace referencias a la Eneida, con la huída del héroe troyano Eneas que llevaría a la fundación de Roma.
Evidentemente, frente al estilo homérico, poema épico destinado a ser recitado o cantado, Fry escribe en una prosa directa, adaptada al mundo actual. Y es pedagógico en su narración. No puede dar por hecho, como hacían los rapsodas griegos, que el lector, en aquella época el auditorio, esté al corriente de las referencias que el texto hace, por lo que ha de realizar las explicaciones correspondientes. Incluye alguna ocasionas anacronía. Y hace una lectura más actual de las actitudes de los diversos personajes. No en el mismo sentido necesariamente que Nolan. Aunque no demasiado alejado.
¿Es recomendable? Sin duda. Es una lectura bastante amena. No deja de ser una historia de aventuras tan entretenida o más que muchas de las actuales sagas de fantasía o antigüedades más o menos mágicas. Muchas de las cuales se basan en los mitos de antaño, sean griegos o de otras latitudes, aunque en el mundo occidental principalmente de pueblo con cultura indoeuropea, claro está (Grecia, Roma, sagas nórdicas, mitos celtas,…) Pero es que además nos sirve para desasnarnos de conocimientos básicos de una de las culturas que consideramos cuna de la civilización occidental. Y eso nunca viene mal. Con el tiempo, quizá afronte alguno de los otros libros. Mythos, quizás. Lo de Troya… no me apetece mucho. Siempre me cayeron mejor los troyanos que los aqueos… y son estos últimos los que ganan.
Fotos realizadas con cámara diversas, para película fotográfica y digitales. Como de costumbre, los datos técnicos relacionados con estas fotografías las encontraréis en Carlos en Plata.
En la modesta Asociación de Fotógrafos de Zaragoza AFZ, últimamente estamos bastante activos. Y en nuestras actividades, hemos empezado a utilizar las instalaciones de La Harinera, un espacio cultural comunitario del ayuntamiento de Zaragoza, en el cual hay una sala que se puede usar como estudio fotográfico, con algunos fondos sencillos para hacer retratos.
Cámara – Sony ZV-1Cámara – Sony ZV-1Cámara – Hasselblad 500CMCámara – Hasselblad 500CM
Y un sábado de septiembre nos juntamos unos cuantos socios para hacer nuestros pinitos en el retrato. Para algunos era algo novedoso, para otros era un poco desempolvar conocimientos adquiridos e intentar mejorar en el tema. Yo hago de vez en cuando retrato con amistades, pero no las publico por entrar en el ámbito de lo privado. Como modelos nos tuvimos a nosotros mismos. Y bueno… os dejo por aquí algunas de las fotos de esa mañana.