Fotografías realizadas con Fujifilm X100VI. El comentario técnico de las fotografías de este artículo lo podéis encontrar en Carlos en plata.

Como ya habréis deducido de las entradas de estos días atrás, en los días de Semana Santa he estado de minivacaciones en el sur de Francia, a caballo entre la occitana Nimes y las provenzales Marsella y Arles, con una mañana de turismo ornitológico en la Camargue, zona de marismas en el delta del Ródano, cerca de Saintes-Maries-de-la-Mer.

Ya visité hace unos años algunos lugares interesantes de esta región francesa, especialmente Aviñón y la propia Arles, así como el acueducto romano de Pont-de-Gard. Pero es una región que da para mucho. Al mismo tiempo que es un lugar agradable por su paisaje, clima mediterráneo, gastronomía y costumbres, que se aproximan mucho a las mejores costumbre del nordeste español. Vamos,… que nos somos gente muy distinta, aunque sean dos países distintos.

Para desplazarnos optamos por el tren. Hay un AVE directo entre Zaragoza y Nimes, donde nos alojamos. El recorrido completo del tren es entre Madrid y Marsella. Lo único que tiene de malo es que vas por la tarde y vuelves por la mañana. Si fuese al revés, aprovecharías prácticamente un día más. La duración del viaje viene a ser unas seis horas. Sólo hay alta velocidad hasta la frontera francesa, el trayecto en Francia es por líneas convencionales.

Antes era posible plantearse el viaje de ida por la mañana, con un trasbordo en Barcelona, y volver por la tarde, igualmente con trasborde en la capital catalana. Pero ahora, a la ida no es posible es trasbordo por los horarios, y a la vuelta… porque no te fías de Renfe y los retrasos a la hora de hacer ese trasbordo. A la ida fuimos puntuales, pero a la vuelta llegamos con 45 minutos de retraso. Y no todo se explica por el parón en Narbona por un incidente que implicó una actuación policial.

Por lo demás, Nimes nos ha resultado una ciudad muy agradable, que se ve de sobras en un día de forma tranquila, con un rico legado romano. Pero sólo la llamada Maison Carré es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en un conjunto que incluye varios monumentos de Arles, el Pont-de-Gard y otros de otras ciudades. Sorprende que el coliseo de Nimes no lo sea,… pero que lo dediquen a partidillos de tenis quizá explique la cosa. Y tanto las Arènes de Nimes como las de Arles sirven de plazas de toros… pero la de Arles sí es Patrimonio de la Humanidad.

Y por cierto que en Arles estaban en plena feria taurina, con abundancia de festejos populares. Lo cual contrasta con el hecho de que se celebran con gran jolgorio durante la Semana Santa. Lo cual contrasta con las austeras costumbres españolas en esas fechas. Nos resultó divertido.

Visitamos Marsella, que para el tamaño que tiene… no da mucho de sí. Cierto es que la catedral es vistosa, y la abadía de San Víctor está muy bien. Y el paseo por Le Panier, el casco antiguo de la ciudad, es curioso, a pesar de lo destartalado. Pero la verdad es que no la encuentro un destino preferente en un viaje. Pero teníamos la curiosidad y la satisficimos. No nos dio el día para visitar el castillo de If, donde “encerraron” a Edmundo d’Antés.

Y finalmente, una de las actividades más agradables, la visita al parque ornitológico de Pont-de-Gau, a cuatro kilómetros de Saintes-Maries-de-la-Mer en la Camargue. Un lugar donde disfrutamos de la vista de las aves en las marismas, y donde comprobé lo fácil que puede llegar a ser quedarse sin tarjetas o sin batería en la fotografía de aves. En resumen, un viaje muy agradable.








































