Cine – no dejes que los hechos históricos reales te estropeen una “buena” historia de la II Guerra Mundial

Cine

Fotografías procedentes de las playas del desembarco de Normandía, hace un porrón de años. Publicación disponible también en Substack.

Pressure (2026; 41/20260918)

Película que se me quedó pendiente de comentar antes de empezar las vacaciones, y que en realidad vi entre las dos películas españolas que comenté poco antes de las mismas. Pero me pareció oportuno hablar de ellas al mismo tiempo. Es una película bélica, pero sin tiros ¿basada en hechos reales? ¿inspirada en hechos reales? ¿deformadora de los hechos reales? Los personajes se corresponden a personas que existieron, eso sí…

Se trata de un drama a propósito de la indecisión sobre el momento de comenzar el desembarco de Normandía, debido a las dudas sobre la evolución del tiempo atmosférico en aquellos días de principios de junio. Tenía que hacer bueno, luna nueva, las mareas en un punto determinado… una serie de cuestiones de las que lo de la luna y las mareas eran fáciles de predecir. Pero lo del tiempo, en esa latitud de Europa, y sin calentamiento global. Donde llueve cuando quiere y en un mismo día puede hacer bueno, malo y todo lo contrario al mismo tiempo.

La cuestión es que su director, Anthony Maras, presenta una situación en que un meteorólogo británico (Andrew Scott) tiene que convencer a Eisenhower (Brendan Fraser), en contra de la opinión de un meteorólogo yanqui (Chris Messina), y con Montgomery (Damian Lewis) tocando los huevos a todo el mundo, de que el día previsto para la invasión va a hacer malo y hay que retrasarlo al día siguiente. No me voy a molestar en contar aquí lo que realmente sucedió. Lo buscáis en Wikipedia. Pero no es como lo cuentan, y el auténtico listo que convenció al general americano fue un noruego, que ni siquiera sale. Al parecer. Hubo mucha gente allí y muchos dijeron y opinaron.

Pero ya sabéis el dicho, “no dejes que la verdad te arruine una buena historia”, y como la película es británica el héroe tenía que ser de esa nacionalidad. Y los idiotas, yanquis. Y Montgomery. Que históricamente hay muchos datos que demuestran que fue un idiota. Británico, pero idiota. Le salió bien lo de Egipto,… y ya sabes, cría fama y échate a dormir. Pero no se que opinarían de él los paracaidistas que mandó a Holanda. Los intérpretes son gente con oficio y lo hacen correctamente. Y la película es moderadamente entretenida. Pero la verdad, con gran probabilidad, olvidable a medio y largo plazo. Sin más.

Valoración:

Dirección: ***
Interpretación: ****
Valoración subjetiva: ***

Libro – La niña que iba en hipopótamo a la escuela, de Yōko Ogawa

Literatura

Fotografías tomadas en Okayama, ciudad de nacimiento de la protagonista, o más bien narradora, de la novela. La entrada está publicada también en Substack.

El viernes, al final, no me dio tiempo para comentar el tercero de los libros que leí durante el viaje de vacaciones. Y ayer estuve muy liado con otras cosas, domésticas y fotográficas. Así que hoy retomo, y espero comentar este tercer libro, y una película de estreno que vi antes de las vacaciones. Aunque lo de la película igual es ya por la tarde.

Yōko Ogawa es, desde hace ya unos años, una de mis escritoras favoritas. No una de mis escritoras japonesas favoritas, sino una de mis escritoras favoritas de cualquier parte del mundo. Y una de las características de la autora que más me gustan es que es absolutamente camaleónica. No hay dos novelas similares. Que pertenezcan al mismo género. O que traten los mismos temas. Es como si leyeras un autor distinto con cada una de ellas. Salvo que dicen que hay un tema que subyace con frecuencia en sus relatos; la memoria. Y en la que hoy os traigo, también.

Esta es la séptima novela que leo de la autora. Y como mucho tendría algún parecido con una de ellas, de las más famosas,… y también tiene notables diferencias. Al principio del relato nos trasladamos a Okayama, de la mano de la relatora, Tomoko, una mujer adulta que retrotrae su memoria a cuando tenía 12 años, muy al principio de los años 70 del siglo XX. Criada en un hogar feliz, la muerte de su padre por cáncer sitúa a su madre y a ella en una situación económica más comprometida, por lo que la madre pide ayuda a su hermana para que se encargue de Tomoko durante un año, mientras ella hace un curso que le permita conseguir una posición mejor en la empresa y obtener mejor sueldo. La tía de Tomoko se casó con el heredero de una empresa de refrescos, una familia muy acomodada, que vive en Ashiya, cerca de Kobe. Una familia de orígenes mixtos, ya que la matriarca octogenaria nació en Alemania. Una familia alegre y acogedora, al mismo que excéntrica, en la que hay otra niña, Mina, un año más joven, que sufre de asma, y que va al colegio a lomos de una hipopótama pigmea.

Me enganchó la novela desde el momento en que Tomoko es recogida por su elegante y apuesto tío en la estación de Shin-Kobe y la llevo a la casa en Ashiya. Y es que Ashiya es el lugar donde se desarrolla preferentemente otra de mis novelas japonesas favorita, Las hermanas Makioka. Las historias son distintas. Y hay 35 años de distancia en las épocas en que transcurren. Pero es el mismo entorno de familias acomodadas en la gran área metropolitana entre Osaka y Kobe. Y allí, en una gran mansión de estilo español, viven los tíos de Tomoko. Una familia perfecta, acogedora, simpática, generosa… pero en la que encontramos sus tristezas. La enfermedad de Mina, las infidelidades del tío, el alcoholismo de la tía, la nostalgia de la abuela alemana de origen judía que perdió a toda su familia en los campos de concentración nazis, la relación no declarada entre la abuela y la criada,… Pero a pesar de todo, generosos, consiguen que Tomoko, desplazada de su madre, en un lugar extraño, sea feliz, y encuentre su rumbo en la vida. En las últimas páginas, cuando Tomoko nos hable de su vida adulta, entenderemos hasta que punto fue influenciada por su familia extendida.

A mí me encantó. Y me emocionó en no pocas ocasiones. Me parece de lo mejor que he leído de Ogawa, y eso es mucho decir. Porque hasta ahora no había leído nada que no me gustase, y mucho. Muy recomendable, con valores universales, y con una pequeña cuestión que debemos recordar siempre; cuando el narrador lo cuenta en primera persona, debemos asumir un narrador poco fiable. Aunque sea bienintencionado como en este caso. Pero es que Tomoko nos habla en la edad adulta, pero con los ojos de la niña de 12 o 13 años que vivió durante un año en un mundo que no era el suyo.

Libro – Opus Nigrum, de Marguerite Yourcenar

Literatura

Fotografías tomadas en Brujas, donde comienza y termina esta novela histórica. Pero había otras opciones. Publicación disponible también en Substack.

Segunda publicación del día destinada a comentar los libros de las vacaciones. Pero antes de entrar con el libro, vayamos con Marguerite Yourcenar, su autora. Tengo una enorme deuda con esta escritora francesa. Aunque nació en Bruselas. Lo de ser francesa le venía del padre. Leí sus Memorias de Adriano siendo muy joven, alrededor de los veinte años. Y eso me arruinó la posibilidad de poder disfrutar de esas novelas históricas, de las de venta en aeropuertos, que gustan a tanta gente, productos prefabricados, formulaícos, porque después de entender la profundidad que puede tener una novela histórica bien planteada y ejecutada, todo eso me parece bazofia. Transcurra en Roma, Egipto, India, la España medieval o donde queráis.

El caso es que con posterioridad apenas he leído cosas de Yourcenar. No se me ha puesto a tiro. Y eso lo siento como una deuda. Recientemente apareció de oferta esta versión en castellano, con título en latín, de su L’Oeuvre au noir, otra novela histórica entre lo mejor de la autora, y decidí ponerme a ello.

Yourcenar nos traslada a Flandes en el siglo XVI, cuando el protagonista de la novela, Zenón, tiene 20 años. Bastardo, hijo de la hermana de un potentado flamenco de Brujas, que por su condición es encaminado a los estudios eclesiásticos, que abandona para recorrer el mundo. Al mismo tiempo, su primo, el primogénito de la familia, abandona también el hogar y su posible carrera en los negocios para ir a la guerra. A la que sea, en el bando que sea. Busca la gloria. Van a ser tiempos revueltos, la reforma y la contrarreforma. Los Habsburgo, austriacos o españoles, contra los nobles y plutócratas de las provincias de los Países Bajos. El Sacro Imperio sacudido por las guerras de religión. Italia, siempre patio de intrigas donde todas las potencias, seculares y religiosas, quieren meter mano. Pero también es el momento cuando el renacimiento empieza a dar sus frutos en filósofos, alquimistas, médicos y otros científicos, que impulsarán un siglo más tarde las matemáticas, la física y la química, y dos siglos más tarde las bases de lo que con el tiempo será la revolución industrial. Tiempos de cambios en los que perduran las supersticiones medievales y se mezclan con los primeros librepensadores de la Edad moderna. Como Zenón.

La novela es un fresco magnífico del siglo XVI, en los sesenta años de vida del protagonista. Se divide en tres partes. La primera nos habla de la familia, los amigos y el entorno del principal protagonista. La segunda, cuando ya cincuentón vuelve a Brujas y se instala a practicar la medicina para los desfavorecidos al amparo del abad de los franciscanos, a pesar de que se ha vuelto escéptico, ateo en la práctica. Y la tercera cuando se le procesa por un tribunal medio penal medio inquisitorial por sus escritos, sus ideas y algunos de sus actos. Un hombre complejo, polifacético, auténtico renacentista tardío, que, aunque ficticio, reúne características de muchos filósofos y estudiosos de la época.

Yourcenar hace un canto al libre pensamiento justo en la época en la que esta forma de vida da sus primeros pasos desprendiéndose de los dogmas e intereses de los dos grandes macroparasitismos que acompañaron las civilizaciones desde que la humanidad se asentó en ciudades al dominar la agricultura y la ganadería y empezar a comerciar; la aristocracia guerrera y el clero. De la religión que sea; eso es poco importante. Pero en la Europa del Mil Quinientos, las denominaciones cristianas. Escrita con maestría, esta novela es una obra maestra, no ya recomendable, sino imprescindible.

Libro – The Tatami Galaxy, de Tomihiko Morimi

Literatura

Fotografías tomadas en Kioto, como no podría ser de otra forma con este libro. Entrada publicada también en Substack.

Voy a hacer algo inusual. Llevo bastantes libros leídos acumulados y sin comentar. Cinco antes de empezar las vacaciones. Y durante el viaje a Sicilia, como he viajado solo, en los desplazamientos, comidas, y otros momentos, me ha cundido y he terminado otros tres. Voy a iniciar un proceso de actualización en las próximas semanas. Pero de entrada, hoy, ya que los tres libros de las vacaciones han sido muy interesantes, voy a comentar los tres. En tres entradas consecutivas distintas. Ya que estoy todavía de vacaciones y tengo tiempo, voy a ello

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Y el primero es un libro de Tomihiko Morimi, del que ya he leído dos libros de su célebre Galaxia del Tatami, aunque uno de ellos no es exactamente de la saga, aunque tenga muchos elementos en común. El otro sí. Hoy voy con el que dio inicio a la saga, si no estoy equivocado.

Lo de Galaxia del Tatami es un concepto que aparece en el libro, y que se ha usado en el título del libro en inglés. El título original en japonés es Yojōhan Shinwa Taikei 四畳半神話大系, que vendría a ser algo así como la saga cuasimitológica de los 4 ½ tatamis. Cuatro tatamis y medio es el tamaño de la habitación del protagonista en su destartalada residencia universitaria. Teniendo que una plancha de tatami viene a tener unas dimensiones de 90 x 180 cm, la habitación tiene aproximadamente 6.5 metros cuadrados. Justita, ¿verdad? Pero tiene gran importancia en el capítulo 4 de la novela.

La novela utiliza la existencia de un multiverso para explorar las distintas elecciones que el protagonista podría hacer cuando ingresa en la universidad dos años antes, en la novela esta en tercero, en busca de una vida universitaria de color de rosa en la que ligaría con una guapa moza de pelo negro. En todos los capítulos aparecen los elementos para conseguirlo, incluido la guapa moza de pelo negro, Akashi, descrita por el protagonista como bella y distante, y con fobia a las polillas, aunque en realidad es un encanto. Y por supuesto, el estudiante nunca reflexiona sobre sus decisiones, y echa la culpa de sus desgracias a su amigo Ozu, de aspecto diabólico y gran capacidad para enredar las situaciones. En el cuarto capitulo, “Around the Tatami Galaxy en Mighty Days”, es cuando comprende que son sus elecciones las que lo condicionan, y no los demás.

Cada uno de los cuatro capítulos tiene elementos repetitivos; la elección de un club universitario (distinto en cada capítulo), la amistad con Ozu, el “Maestro”, la adivina, el accidente en el puente y la nube de polillas, entre otras. Y la novela juega constantemente con el absurdo en todas las situaciones; la higienista dental guapísima que lame la cara de los demás cuando se emborracha, la muñeca sexual tamaño natural, Kaori, la guerra proxy-proxy, los absurdos fines de los clubes universitarios… Es una novela tremendamente dinámica y divertida. Y eso hace que pueda pasar desapercibido que es sumamente reflexiva sobre cómo las personas afrontan su vida y sus propias decisiones. Y que es muy romántica. Cuando vi la serie de animación que la adapta ya me “enamore” de Akashi… y en la novela, también.

Muy dirigida a lectores del grupo demográfico y sociocultural universitario, la novela puede ser igualmente muy divertida para cualquier persona que haya pasado por una juventud universitaria, en la que todos soñamos con cosas parecidas a las del protagonista (el color del pelo de la chica es optativo), y tenemos que afrontar las consecuencias de nuestras propias decisiones. Bueno,… esto… toda la vida. Muy recomendable. Que yo sepa no está traducida al castellano; yo la he leído en inglés

Viajes – resumen del segundo viaje a Sicilia

Viajes

Fotógrafías realizadas en el oriente siciliano con base en Catania con Canon EOS RP y algunas ópticas Canon EOS RF. Las cuestiones técnicas relacionadas con las fotos, y por qué me lleve este equipo en lugar de otros más habituales, lo podéis encontrar en Carlos en Plata.

Quienes hayan seguido mi cuenta viajera en Instagram o en Tumblr, o mi Cuaderno de Ruta, sabrán que en estos días atrás, durante una semana, he estado viajando por Sicilia. Por la parte oriental de la isla, ya que la occidental la visité en 2025, como consecuencia del fracaso con el viaja a China en aquel momento. Catania, Taormina, Siracusa, Noto, Acitrezza y Acicastello, y, sobre todo, el Etna, al que le tenía muchas ganas.

Mercado del pescado en Catania.
Duomo de Catania.

He viajado solo los compañeros habituales de viaje no hemos podido concertarnos para ponernos de acuerdo en fechas y destinos. Tuve una opción de viajar acompañado a Osaka en Japón. Pero… a Osaka… con limitación a excursiónes desde allí durante como mucho cinco o seis días. No me atrajo. Así que me fui a Sicilia, donde establecí base en Catania, una ciudad cuyo centro histórico y ambiente general, en lo que vi, me agradó mucho. Aunque algún siciliano me avisó que tiene barrios que “agradan” menos.

Teatro griego de Taormina.
Pintor callejero en la plaza del Duomo de Taormina.

Obligatorio visitar los lugares arqueológicos greco-romanos de Taormina y Siracusa. Esta última declarada en su conjunto patrimonio de la humanidad por la Unesco, siendo muy agradable pasear por la isla de Ortigia, que supone el casco histórico de la ciudad. Taormina me gustó mucho. Extremadamente turistizada, aunque tiene sus alicientes, no la disfruté demasiado.

Interior de la catedral en Ortigia, Siracusa.
Fortaleza de Ortigia, con las armas de Carlos II de Austria, el lamentable rey de España que finiquitó esa dinastía reinante.

Diversas ciudades de la región tiene palacios y edificios pertenecientes a otro patrimonio de la humanidad según la Unesco, las ciudades del barroco tardío del Val di Noto, de las que pude visitar algunos monumentos en Catania, pero sobretodo en la ciudad de Noto. Me hubiera gustado visitar también Módica, donde ademas está el aliciente de su rico chocolate, pero no conseguí una combinación adecuada de transporte público. Una pena.

Joven banda de música en las calles de Noto.
Ensayos en el teatro de origen barroco en Noto.

Y, para mí, que soy un chico de ciencias, el plato fuerte del viaje era la visita al Etna, cuyo parque natural también es patrimonio de la humanidad por la Unesco. Me gasté un dinero en un viaje guiado que se saliera de la oferta habitual, y mereció la pena. La calidad y experiencia del guía permitió una perfecta comprensión de las características de este magnífico volcán. Un imprescindible en lo que se refiere a naturaleza. Lo contraté con Etna Way, participando en la excursión con un pequeño grupo media docena de personas con un guía principal y una secundaria.

Vista de la cima del Etna a unos 2850 metros de altitud.
En el borde de uno de los cráteres secundarios de la erupción de 2022.

Finalmente, ante la imposibilidad de encontrar una combinación adecuada para visitar Módica, el último día me lo tomé de forma relajada, paseando por lo que llaman Riviera de los Cíclopes, entre Aci Trezza y Aci Castello (o Acitrezza y Acicastello), a pocos kilómetros de Catania, una serie de formaciones costeras basálticas, con un castillo normando sobre un promontorio basálticos en la segunda de las localidades. En general, todo muy bien, y he comido de maravilla, con abundancia de frutti di mare y pesce.

Formación basáltica en Aci Trezza.
Castillo normando en Aci Castello.