Fotografías realizadas en Katsura. Me doy cuenta que a pesar de ser islas, no tengo muchas playas con arena y dunas de Japón en fotografía. A punto estuvimos de visitar una gran duna el año pasado,… También disponible en versión Substack.
Estamos ya de pleno en los varios libros que pude leer en las vacaciones. Este no es muy largo, pero como estábamos de viaje, sólo leía cuando teníamos desplazamientos largos y nos cansábamos de hablar, o en el ratito para conciliar el sueño antes de dormir. Y es uno de los libros más perturbadores que he leído en tiempo. Escrito por el japonés Kōbō Abe, se ha convertido en una de las obras más relevantes de la literatura nipona del siglo XX, habiendo sido llevada al cine. Me gustaría haber visto la película, pero no la he localizado. Bueno sí… pero no he encontrado el momento aún.

En la posguerra mundial, un profesor de instituto aficionado a la entomología realiza una excursión en solitario a la costa. Y mientras camina entre las dunas se encuentra con una aldea en la que le piden que descienda entre las dunas a la casa donde vive una joven viuda para ayudarle con un problema. Pero se encuentra que una vez abajo, no es capaz de subir por sí mismo, sin ayuda de los que viven sobre las dunas. Se encuentra atrapado, obligado a trabajar con la mujer para evitar que la arena acabe con la casa. Y allí comienza una especie de prisión, y una extraña relación con la mujer.
Hay muchos elementos perturbadores en la novela. En primer lugar es la sensación constante agobio físico. De constante lucha contra la arena, contra el calor, con la sed, contra las abrasiones en la piel, incesante. En segundo lugar está la angustia psicológica. La privación de libertad, la pérdida de un modo de vida, de un prestigio social, de un sistema de relaciones, la incapacidad de decidir dónde quiero estar y a qué me quiero dedicar. En tercer lugar está el comentario social. La aldea como metáfora de las sociedades modernas, en la que el ser humano queda reducido a un peón para el mantenimiento perpetuo del sistema. En cuarto lugar está la aceptación de la situación, al tiempo que en el mundo exterior es declarado como fallecido tras siete años de desaparición. El individuo es alienado y sólo le queda una solución para seguir siendo libre; aceptar voluntariamente la situación en la que se encuentra.

También es perturbadora su relación con la viuda. Una mujer que resulta atractiva. Con frecuencia sensual. No sabemos sí porque lo es, es una mujer todavía joven, de unos 30 años, o porque la cercanía y el roce constante, los cuerpos expuestos nos conduce necesariamente a esa sensualidad. Que en ocasiones adquiere el carácter de relación mutua física consentida, pero en otras se convierte en violación, con la actitud resignada de la mujer a prestarse a la relación. Mujer que es al mismo tiempo víctima pero también cómplice del cautiverio de su nuevo compañero. Por convicción o por aceptación resignada, es difícil de decir.
La obra es un relato existencialista. No se ha perdido el pesimismo instalado en la nación japonesa derrotada por la guerra. Y sólo tenemos la obligación del trabajo sin descanso y la resignación de la persona a ello. No se ven todavía los frutos de esa situación, que pueda llevar a un futuro potencialmente mejor. La consecuencia del trabajo sin descanso es un mantenimiento del statu quo, un equilibro entre la aldea y la arena. Nunca una mejora. Por lo tanto, arrastra un pesimismo existencialista considerable. Si alguien quiere ver en la aceptación final de la situación una luz de esperanza, que venga y me lo explique. Muy recomendable. Pero para leer con la mente serena, poco conflictuada.
























































